miércoles, 24 de febrero de 2010

FROILÁN YÁÑEZ CÁRDENAS ALCALDE DE MAR DE LLIUCO



FROILAN YAÑEZ CARDENAS Y SU ESPOSA ROSALIA BARRIENTOS EN LLIUCO

Cada vez que nos referimos a la microhistoria estamos haciendo un juego de flash back en donde surgen una serie de acontecimientos, personajes locales del pasado los cuales están relacionados con nuestra propia existencia. Es volver la mirada y revivir con el recuerdo de lo que fue la vida de una comunidad. En el fondo es la recuperación de la memoria. Todo lo cual nos permite tomar conciencia de lo que fuimos y de paso reforzar la identidad. Porque la microhistoria tiene como horizonte mantener al árbol sujeto a sus raíces1.

Por lo anterior, siendo nuestro interés resaltar algunos personajes de Chiloé retomaremos los pasos de lo que fue la vida de don Froilán Yánez Cárdenas quien ejerció su labor como Juez de Distrito y Alcalde de Mar en el apartado poblado de Lliuco al norte de Quemchi. Siendo muy joven don Froilán se inclinó por el servicio público y en los años 1950 lo encontramos al cargo del control marítimo desde esta localidad en el tráfico de embarcaciones menores de cabotaje que surcaban la ruta interior de Chiloé con Puerto Montt pasando por el puerto de Calbuco. Como Alcalde de Mar, lo que es hoy capitán de puerto ejecutó su labor con gran dedicación y debió enfrentar diversas situaciones en esa caleta, ya que por estar expuesta al Golfo de Ancud presenta particularmente en invierno y verano un constante oleaje.

En aquellos años esta actividad no era muy valorada, sin embargo, don Froilán estaba siempre atento a lo que señalaba el barómetro y quizás cuantas vidas estuvieron a salvo por la acción del Alcalde de Mar; y en el paso obligado desde Quemchi a Puerto Montt su gestión era la de un vigía permanente comunicándose constantemente con la Capitanía de Puerto de Calbuco. Por ello, encontramos un relato entre el Alcalde de Mar de Calbuco don Hernán Pérez Sazie y el de Lliuco fechado el 16 de octubre de 1954 en donde el primero le comunica: “Se presentaron a esta capitanía de puerto los tripulantes de la lancha Irelba L-145 los tripulantes Delfín Alvarado y Artemio Ojeda manifestando que de regreso a Puerto Montt fondearon en la caleta La Vega con el fin de pernoctar (…) y el señor Ojeda desembarcó en la lancha y hoy se embarcó en la lancha Brisa con destino de nuevo a Puerto Montt (sic) el Patrón señor Ojeda me manifestó que regresaría en la misma lancha en la tarde y que en esa hora pasaría por la Capitanía de Puerto a visar el zarpe para seguir viaje a Lliuco…”2. En otra ocasión el Alcalde de Mar de Lliuco comunica a sus superiores el accidente en la bahía de Huelden de la lancha velera “Elvirita” acaecido el 20 de julio de 1958. En aquella noche hubo un gran temporal y esta lancha se encontraba cargada de madera sin tripulantes la cual es arrastrada hasta las playas de Lliuco varando en un banco de arena. En el parte se señala: “… dejo constancia que el mar estaba de subida y cuando el suscrito llegó a la playa donde estaba naufragando la lancha, los vecinos reunidos me dijeron que vieron entrar a la lancha a un loco, o que está de tiempo atrás con las facultades mentales trastornadas, llamado José Llanquín, quien nadando en partes atracó a la lancha y empezó a desatar las velas con intención de izarlas. Al presenciar el público se indignó porque la perdición de la lancha era inevitable por el motivo que con esta maniobra la lancha y la madera encallarían en unas rocas. Acto seguido se consiguió dos caballos y tres jóvenes llamados Jorge Cendoya Mansilla, Evaristo Soto Vélez y Adrián Ojeda Cárdenas que se presentaron arriesgar sus vidas porque el mar embravecido nos los dejaba llegar a la lancha, sin embargo, haciendo un acto de heroísmo con los caballos al nado, entraron y aferraron la vela que el loco había desplegado, saliendo de inmediato puesto que la creciente no les dio para más, quedando el loco dentro de la lancha por no querer salir. La embarcación fue arrastrada por las olas hasta la costa, hundiéndose y sufriendo averías de consideración”3.

Este acontecimiento que narra Froilán Yáñez nos trae a la memoria el espíritu de servicio del antiguo Alcalde de Mar que al igual que en la actualidad controlaba los zarpes, la seguridad de la embarcaciones, verificaba la zona donde se dirigían, el nombre y numero de la tripulación, el día y hora de regreso. Por otra parte, en el Chiloé de antaño cuando todo el comercio se realizaba por la vía marítima ya sea transporte de mercaderías, maderas, animales bovinos y ovinos, la labor de este personaje revestía especial importancia y es por ello, que en las distintas caletas de paso obligado en los mares interiores el lanchero de huiñiporra debía presentarse donde el alcalde de mar.

Pero después de los años 1960 cuando el transporte en lanchas motorizadas y veleras deja de ser funcional por la conectividad terrestre por la ruta 5, este oficio en los pequeños puertos de Chiloé también desaparece.

Como epílogo podemos agregar que los restos de don Froilán Yáñez Cárdenas yacen en la tierra donde vivió toda su vida junto a su amada Rosalía Barrientos, la localidad de Lliuco5.

Por : ESTEBAN BARRUEL
Escritor